• Camilo Pardo Q // camilo_pardo@javeriana.edu.co

Una bola de nieve ilustrada en Michel Temer


Directo Bogotá hace un recuento del sistema político brasilero tomando como referencia algunos periodos presidenciales durante los siglos XX y XXI, en donde se analiza el rol que cumplieron los gobernantes en paralelo con las funciones de los partidos políticos y sus transformaciones a lo largo de los años; lo cual desencadena en que lo que pasa hoy con Michel Temer.

Michel Temer, presidente de Brasil // Reuters

Michel Temer está siendo acusado por la Fiscalía General de Brasil de obstruir junto a Aécio Neves, candidato presidencial en 2014, en el desarrollo de la Operación Lava Jato, en donde se le hace un especial hincapié al pago de sobornos en Petrobras. La fuente para darle solidez a estas acusaciones fue una grabación obtenida por el periódico Globo en donde Temer está sosteniendo una conversación con un directivo de la multinacional de alimentos JBS, Joesley Batista, pactando cifras para pagar un soborno que compre el silencio del exdiputado y promotor del juicio político de Dilma Rousseff, Eduardo Cunha, actualmente condenado por corrupción. En estos hechos, también se han visto involucrados ministros de su gabinete y los ex presidentes Luis Ignacio Lula Da Silva y Dilma Rousseff.

Un recorrido a esta historia evidencia que la transición de Brasil de ser potencia mundial emergente a ser un país con un sistema político prácticamente roto no es casualidad, sino que es el producto de una serie de decisiones tanto en partidos políticos, como en gobernantes que han posibilitado tanto un decrecimiento en su influencia a nivel regional y mundial, como muchas inestabilidades al interior del país.

Getúlio Vargas: el inicio en la transformación de los partidos

Considerado como el político brasilero más influyente durante el siglo XX y presidente del país en cuatro ocasiones, Getúlio Vargas fue la cara de un nuevo sistema político en Brasil, en donde comulgaba con principios oligárquicos. En adición a esto, mediante el ‘Estado Novo’, impuso transiciones que iban desde un régimen estrictamente autoritario durante casi toda la década de los 30, hasta la liberalización de su régimen por medio del llamado a elecciones en 1945, promoviendo además la creación del Partido Social Democrático (PSD) y del Partido Laborista Brasilero (PTB) – aunque hay que considerar que ambos eran afines a él, por lo que un concepto de pluralismo quedaba casi anulado -. A pesar de que demostró no estar vinculado en casos de corrupción, varias figuras políticas lo querían fuera del poder.

Cuando la oposición militar (Unión Democrática Nacional) en ese mismo año lo logra sacar de la presidencia para intentar poner a Enrico Dutra, ex ministro de guerra de Vargas, por miedo a que se perpetuara en su cargo, se evidencia que la competencia política en Latinoamérica se funda más sobre bases clientelares que ideológicas.

Cinco años después y por medio de elecciones, Vargas regresa al poder, lo cual se puede asociar con un caso más de Darwinismo político al adaptarse a la realidad social democrática que había dejado Dutra. Con esto dicho, queda mostrada una faceta de los partidos políticos que tiene como fundamento poner y sacar a los mandatarios de sus cargos dependiendo de intereses propios, en donde no siempre la corrupción es el factor para desmantelar partidos o reclamar un cambio político; fenómeno que cambiará en Brasil desde Fernando Collor de Mello.

Collor de Mello: Regreso de la democracia, auge de la corrupción

Si la corrupción no fue un hecho mostrado por partidos de oposición para usar como argumento a la hora de sacar a Vargas del poder, Fernando Collor de Mello fue una antítesis de este caso. A pesar de ser pionero en 1989 por ser electo como presidente mediante voto popular después del paso de gobiernos militares y ser considerado inicialmente como una figura carismática y querida entre la gente, su vínculo con lavados de dinero y tráfico de influencias hizo que sacarlo del poder fuera fácil para el Senado después de su juicio político, hasta entonces inédito en Brasil.

El Partido de la Reconstrucción Nacional (PRN) y su máximo representante, Collor de Mello se vieron encarados con uno de los fenómenos más comunes dirigidos hacia los partidos políticos: la ciudadanía de desconfianza. Cuando la aparición mediática hizo de este escándalo algo público, hubo un empoderamiento de la ciudadanía en torno a que Collor de Mello dejara el poder por medio de multitudinarias marchas en 1992, especialmente la del 19 de septiembre, considerada como la más grande en la historia de Brasil. Posterior a esto, fue la suspensión del cargo y la subida al poder de Itamar Franco, su vicepresidente.

De Lula a su ‘ahijada política’, Rousseff

Seguramente el Partido de los Trabajadores (PT) en sus inicios, fundado bajo parámetros anticapitalistas, se desentendería de actos de corrupción como los que sucedieron en el gobierno de Lula, paradójicamente ícono de este partido.

Desde el escándalo de las mensualidades en 2004 en donde la Cámara de Diputados de Brasil fue vinculada con casos de corrupción, especialmente involucrando miembros del PT y de la bancada del ‘lulismo’, se podía deducir que este partido se alejaba de su ideología fundacional por medio de la cual los intereses corporativos de los trabajadores eran lo más importante siempre y de la intención de darle una nueva cara menos golpeada a la izquierda. En adición a esto, Lula pasó de ser una imagen carismática y heroica para una generación completa a dividir al país en dos y a ser un corrupto más por ocultamiento de patrimonio y asuntos vinculados a sobornos en Petrobras, entre otras cosas.

Por supuesto que un partido como éste para no morir tenía que adaptarse al modelo económico neoliberal y a partir de ahí, el PT se fue acoplando poco a poco desde finales de los 80 a un sistema capitalista para ganar más representación dentro del país.

Lo consiguió, Lula fue muestra de ello y por tal motivo cuando se dio el paso a Rousseff bajo los mismos lineamientos que se vieron en su gobierno, el cambio no fue tan traumático. Si bien Dilma siempre fue menos popular que Lula y siempre va a cargar con el hecho de haberse encarado y perdido ante el segundo ‘impeachment’ (juicio político) en Brasil, su imagen y gobierno abren paso al último cambio que van a tener los partidos políticos contemporáneos: el poder de las coaliciones para tener acceso al poder.

Temer: ¿el producto de un sistema político frágil e inestable?

Si Michel Temer está en el poder de Brasil es en gran medida por la transformación que han tenido los partidos políticos en los últimos años, en donde sus fundamentos para acceder al poder se rigen más por cuestiones clientelares y simbólicas que por cuestiones ideológicas, como lo era anteriormente. El hecho de que Rouseff, mujer de izquierda del PT haya tenido como vicepresidente a un hombre de derecha del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) se debe a la necesidad contemporánea de estas agremiaciones en unir fuerzas para obtener más recursos públicos, controlar el mercado político y mantenerse en cargos políticos estratégicos.

Sin embargo, además de esto, hay una serie de casualidades entre Temer y un puñado de predecesores, lo cual muestra que lo que pasa hoy en día con el problema judicial en el que está involucrado el actual presidente, no es algo sin precedentes, sino algo que en buena parte tiene una matriz: la corrupción en la política brasilera y su influencia en los partidos.

-Tal y como pasó con Collor de Mello, Rousseff fue destituida y reemplazada por su vicepresidente, en este caso, Michel Temer.

-Getúlio Vargas fue sacado del poder por un ala política militar que no lo quería ver más tiempo a cargo de Brasil; y Dilma Rousseff siempre acusó a Temer de conspirar en su contra para apurar su salida.

-Miembros de su gobierno han estado ‘salpicados’ en temas de corrupción, tal y como sucedió con el escándalo de las mensualidades en el gobierno de Lula.

-Las calles se han volcado en manifestaciones de una ciudadanía de desconfianza, similar a la que protestó en contra de Collor de Mello y Rousseff.

-Separándose de la izquierda, Michel Temer y su partido retornan al poder los principios oligárquicos no vistos en Brasil desde Vargas.

-Hoy Temer se declara abiertamente enemigo de Rousseff, partidaria de Lula y las relaciones entre el PMDB y el PT están rotas; similar a cuando Getúlio Vargas entró en discrepancias con la UDN previo a que lo sacaran del poder.

Al hablar de Temer y su gobierno, no se puede establecer de que esto es un fenómeno reciente, sino que el sistema político brasilero ha estado por mucho tiempo bajo el mando de estilos de gobierno similares; y para un país que cuenta con más de 30 partidos políticos, es de vital importancia abrirse a más opciones para combatir la corrupción evaluando por ejemplo a las coaliciones como algo menos clientelar y más a favor del desarrollo social integral.

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